Las grabadoras láser leen los píxeles como instrucciones de potencia y velocidad: oscuro = más energía, claro = menos energía.
Las fotos tienen gradientes y sombras suaves que se traducen mal al quemado físico, generando resultados ‘embarrados’ si no se prepara la imagen.
La preparación consiste en convertir información visual en instrucciones claras: bordes limpios, tonos bien distribuidos y estrategia adecuada al material.
Empieza con suficiente resolución para el tamaño final (a menudo ~300 DPI a escala).
Usa mezcla de canales/HSL si hace falta para preservar detalles importantes.
Evita imágenes cargadas de medios tonos: distribuye el histograma para lograr más profundidad.
Haz un test pequeño con sombras/medios tonos/altas luces antes de grabar el trabajo completo.